La barra del bodegón que ayudó a comerciante foráneo a cumplir su sueño en Cipolletti
Seba se enamoró de la ciudad “desde el primer día” y tenía un viejo deseo, que al fin pudo concretar gracias a los personajes que conoció a pura bohemia...
A diario, Sebastián frecuentaba distintos recintos gastronómicos y siempre andaba atento por si aparecía alguno de esos bodegones que tanto lo atrapan con su encanto especial... Pero esa noche fue por el diario, valga la redundancia, que llegó al boliche de calle 9 de Julio al 700 en Cipolletti tras un artículo periodístico de LMC por el aniversario 50 de un tradicional restaurante.
Así, este comerciante correntino radicado en La Pampa conocería primero a Leo, el dueño, y seguidamente a toda la barra repleta de personajes locales que terminaría siendo clave para cumplir el sueño de abrir un local propio en nuestra ciudad.
Te puede interesar...
Una historia de amistad fortuita y sincera, de solidaridad, de anfitriones de lujo, de camaradería y complicidad y, claro, de bohemia que seguramente te va a gustar conocer… ¡Buenos muchachos!
“Yo soy de Curuzú Cuatiá, Corrientes. Como cualquier chico de pueblo, cuando terminé el secundario me fui a estudiar a Buenos Aires y ahí me conocí con una chica de La Pampa que es la mamá de dos de mis cuatro hijos. Los otros dos los tuve con Romi, mi pareja actual y gran pilar de todo lo que hago, la que me banca en cada una de mis locuras como esta en el Valle... Lo cierto es que me afiancé e hice mi vida en Eduardo Castex”, se presenta en sociedad Sebastián Spilere, el dueño de la franquicia Pampero en la zona.
Es relativamente nuevo en el rubro, pero ya pisa fuerte en la región. “Poco antes de la pandemia, buscando un emprendimiento empecé con esto. El día que vine a Cipolletti me enamoré de la ciudad, pero siempre por una cosa o por la otra no se daba. Terminé abriendo en Neuquén primero, allí estaba la noche que leí la nota de LM Cipolletti que me trajo al bodegón, cuando me pregunté ‘cómo no conozco eso, tengo que ir y así fue, me vine volando”, revela mientras espera que doña Isabel, la mamá de Leo e histórica dueña del Bodegón, quien sigue trabajando con 70 largos, termine de prepararle unas milanesas con fritas que “salen mortales”.
“A Seba lo conozco desde esa noche que tras leer la nota vino a cenar. Me preguntó cómo era el procedimiento para comer algo y le dije que no me quedaba nada más, que esa nota ‘me había arruinado’ porque se vendió todo jaja -risas-. El es tranquilo ‘como agua de tanque’ y me dijo ‘no te calentés, tranquilo, mañana vengo que quiero conocer’. Y así fue, la primera noche cenó en las mesitas de afuera y empezó a venir una vez por semana”, recuerda el "grandote bonachón" antes de atender una pareja de comensales que acaba de ingresar al emblemático lugar.
La historia de una increíble amistad y un sueño cumplido
“Así empecé y fui conociendo a Fabián, a Félix, a Waldo, a Walter, a José, Oscar, Ariel, Ricardo, todos los chicos que vienen seguido a comer y obviamente no dejé de venir nunca más y se formó una banda hermosa”, destaca el emprendedor foráneo, que suele andar a mil pero respeta a rajatabla el ritual de “una cena semanal” en el bolichito.
“Es que la pasamos bárbaro… Es la mejor terapia, podés tener mil líos pero llega la noche y uno se desenchufa aquí”, acepta en relación a las satisfacciones que le brinda ese espacio que comparte con sus nuevos amigos y donde logra bajar varios cambios.
Enseguida se hicieron muy compinches con el propietario del restaurante. “Tanto que me invitó a La Pampa a aprender a hacer los salamines caseros, a un pueblo cerca de Castex llamado Arata, ahí conocimos a un amigo de él. En ese viaje charlamos de todo y me comentó que quería conseguir un salón en Cipolletti para poner la sede cipoleña de Pampero”, revela el hombre al que no se le caen los anillos por hacer las veces de mozo de su propio negocio.
“Es verdad, siempre les decía que tenía ese deseo y tras muchas frustraciones, incluso había alquilado algo y por la pandemia no se pudo abrir, finalmente se me dio con la ayuda de estos monstruos, sin ellos hubiera sido imposible”, reconoce Seba y todos lo aplauden como devolviendo gentilezas.
Se refiere a Leo, quién encontró el lugar (también sobre calle 9 de julio al 400) pero también a los otros integrantes de un grupo cada vez más sólido y siempre alegre.
“El necesitaba, aparte del salón, un soldador, un carpintero, alguien que le pinte el local… Le dije que confiara en los muchachos del bodegón, los mismos con los que compartía una cena o un vino, que yo los conocía y sabía que no le iban a fallar. Y dicho y ello”, explica con orgullo quien recomendó a sus históricos clientes para desarrollar esas específicas tareas.
Manos a la obra para cumplirle el sueño al amigo
“Así que Fabián puso toda su artillería en lo que es electricidad y construcción, Félix se puso al hombro de todo lo que es muebles, Leo ya había hecho lo suyo y nos suministró la comida ese tiempo y el resto acompañó. Me dieron una mano bárbara, sin ellos no hubiera podido haber abierto”, reitera Seba el aporte de quienes lo apuntalaron a la hora de saldar esa vieja cuenta pendiente.
“Alquiló el local y los convocó para hacer las refacciones. Lo anecdótico es que los tiempos eran cortos, había que abrir antes de Navidad para que se justificara toda la movida. Laburaron contrarreloj, a toda hora, y dejaron el salón en hermosas condiciones. Para mí fue una satisfacción doble, por Sebastián que se lo merece y por los muchachos que estuvieron a la altura y no les va a faltar laburo…”, reflexiona el hacedor de la barra, feliz de la vida.
Pocos meses después de la apertura, el negocio levanta vuelo pese a los vaivenes del país. Y, según su dueño, “creo que el local anda bien porque se hizo con re contra buena onda, en un grupo de amigos, de gente piola sin ningún tipo de interés a cambio y la verdad que cada día nos divertimos más”.
Los encuentros en el lugar de siempre, las eternas charlas de sobremesa, los brindis y las bromas ya son un clásico para este lindo y sano grupete de "atorrantes".
“Yo llego después de un día agotador, visitando empresas, a veces con problemas, pero acá es un volver a vivir. Son especialistas en hacerte pasarla bien y en todo lo que pueden te dan una mano, te apoyan, confían en vos y hoy eso no es fácil si no conocés a alguien. Es una hermosa experiencia rodeado de las mejores personas que tuve la suerte de conocer en Cipolletti!”, señala con enorme gratitud quien tomó 3 empleados en nuestra ciudad, 5 en Neuquén y va por un tercer proyecto en la zona que generará nuevas fuentes de trabajo.
“Seba es un tipo alegre, muy familiero y amigable... Tiene muchos valores y se nota. Tuvo una crianza a la antigua, es una máquina de laburar, un gran tipo”, lo define Leo con la emoción intacta tras una noche especial en el marco de los flamantes 52 años del legendario bodegón.
“Es duro ser soñador en Argentina, pero con la ayuda de todos estos lindos personajes se puede”, se despide quien se siente como en casa en esas reuniones ya habituales, manjares mediantes, con los muchachos. Seba no se va más de Cipolletti ni del querido grupo de amigos del bodegón que le permitió cumplir su postergado sueño.
Leé más
Cipolletti sumará 80 nuevas cámaras de seguridad con inteligencia artificial
Las ofertas furor de La Saladita: los precios que revolucionan Neuquén
Noticias relacionadas
Dejá tu comentario