Fue portera de una escuela cipoleña durante 34 años y hoy lucha por los jubilados
Amalia Bittar trabajó en la Escuela 33 del barrio San Pablo. En 2017 se retiró, pero continuó militando en el Centro de Jubilados y Pensionados de ATE. Advierte que el sector la pasa "muy mal".
Bajar los brazos, nunca. Se entiende que ese es el lema de Amalia Bittar, una vecina que durante más de tres décadas trabajó de portera en la histórica escuela 33 de Cipolletti, y que tras alcanzar el retiro no se fue a su casa a descansar, sino que continuó luchando por sus compañeros jubilados que la están pasando mal por los bajos salarios y cortes de beneficios del PAMI.
Afiliada a ATE, se puso al frente del Centro de Jubilados y Pensionados de la entidad gremial, y desde ese cargo busca paliar la crisis intercediendo en las demandas individuales que le llegan constantemente.
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“Los pobres jubilados estamos sufriendo un montón. Los sueldos son una miseria. Para aquel que cobra la mínima no le alcanza ni para los remedios. Imagínese aquel que tiene que alquilar. La estamos pasando muy mal realmente”, expresó la dirigente el último miércoles, durante la movilización contra la represión a jubilados y el acuerdo con el FMI que se hizo en distintas partes del país y también en esta ciudad.
Bittar destacó que el problema que más aqueja al sector es la medida dispuesta por el gobierno de Javier Milei que recortó la entrega de medicamentos gratuitos que antes otorgaba el PAMI.
“Esto los lleva directamente a la muerte”, advirtió, por las carencias también se extienden a lo alimentario.
En este contexto complejo, la sindicalista destacó que reciben muchos pedido de auxilio y que los van solucionando en la medida de sus posibilidades.
“Nos juntamos y nos ayudamos unos a otros. Vamos viendo a compañeros para que nos den una mano con los medicamentos o cuando necesitan dinero para comprar comida. Pero no tiene que ser así. Trabajaron toda su vida y llegan a esta edad con muchas necesidades”, resaltó.
Por ese motivo destacó que, ante el sombrío horizonte y el desamparo del gobierno nacional, es cuando más se necesite de la solidaridad, y allí donde el Centro aparece como protagonista para brindar contención. Y por lo que se advierte seguirá cumpliendo un papel preponderante.
“La gente quiere participar”
El Centro de Jubilados y Pensionados de ATE funciona en la sede que el gremio posee en la calle La Esmeralda 1034. Tiene unos 110 afiliados, de los que la mitad asiste habitualmente al local, lo que revela el interés por participar en la vida institucional y las actividades que se ofrecen.
El año pasado dictaron solo clases de ajedrez, porque el espacio es reducido y además no ofrece las mejores comodidades.
“En verano es por calor y en invierno el frío”, explicó. De todos modos subrayó que “la gente quiere participar, apoya mucho”, lo que hace que sean “un grupo muy unido”.
Una vida entre las aulas
Amalia trabajó durante 34 años como portera en la Escuela 33, ubicada en el barrio San Pablo, donde se jubiló en 2017.
Se le iluminan el rostro cuando evoca aquel tiempo que compartió con niños y docentes, entre aulas y pasillos.
“Era mi otra casa. Vi pasar generaciones de chicos. Cada tanto viene uno y me saluda y me dice ´usted fue mi portera´ y eso me emociona”, admite la vecina.
Admite que en ocasiones no logra reconocerlos, “porque crecen y cambian”. Pero el gesto que recibe es un reconocimiento al recuerdo que dejó.
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